Resiliente: ese es el mensaje de las últimas perspectivas sobre la economía mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), presentadas en su reunión semestral en Bangkok, Tailandia. Según su informe:
La actividad económica mundial ha vuelto a demostrar su resiliencia… En menos de siete años, la economía mundial se ha visto sometida a una sucesión excepcional de acontecimientos. La pandemia y las consiguientes perturbaciones en las cadenas de suministro mundiales; las guerras en Ucrania y Oriente Medio, con los consiguientes fuertes aumentos en los precios de la energía y otras materias primas; y los cambios significativos en las barreras comerciales y las relaciones comerciales han puesto a prueba la resiliencia de los hogares, las empresas, los mercados financieros y los gobiernos. Por separado, cada uno de estos acontecimientos importantes se habría considerado poco probable. Su coincidencia en un periodo de tiempo tan corto es aún más extraordinaria.
Sin embargo, a pesar de esta avalancha de perturbaciones, la economía mundial ha aguantado. Los mercados laborales se han mantenido inesperadamente fuertes, los sistemas financieros han resistido en general las perturbaciones y el las las políticas monetarias más estrictas en casi medio siglo, y la inflación ha retrocedido desde sus máximos en muchas economías, aunque sigue siendo persistente en varios casos.
Los economistas del FMI estiman que el crecimiento económico mundial se mantendrá prácticamente sin cambios en el 3,1 % este año e incluso subirá al 3,4 % el año que viene.

El FMI se muestra optimista porque:
en primer lugar, el redireccionamiento de los suministros energéticos, el aumento de la producción energética en otros países, la reducción de las existencias, la sustitución por otras fuentes de energía —incluidas las renovables— y una mayor eficiencia energética han ayudado a amortiguar el impacto en los mercados energéticos. Sin estos márgenes de ajuste, la crisis del petróleo, ella sola, habría reducido significativamente el crecimiento mundial en 2026. Y, en segundo lugar, el auge de la inversión impulsado por la inteligencia artificial ha dinamizado la actividad mundial y ha respaldado el comercio internacional. La inversión ha seguido aumentando ante la expectativa de mayores rendimientos y rentas reales (lo que se refleja en las valoraciones bursátiles).
Así que, ¿todo va bien? Martin Wolf, el gurú económico liberal y procapitalista del Financial Times, no está tan seguro. Wolf resume las razones de la resiliencia actual: «Los factores dominantes han sido la flexibilidad de la economía energética mundial y el auge de la inversión impulsado por la IA». Sin embargo, no hay garantía de que ninguno de los dos vaya a durar. Las reservas de crudo y productos derivados están bajas tras seis meses de reducciones. Además, «el auge de la inversión en IA también concentra el riesgo. Incluso si la IA en sí misma sale bien, es probable que el nivel de inversión deje de crecer, o que disminuya, en algún momento. Además, puede que la IA no dé los resultados económicos esperados a la escala prevista».
Y el FMI también modera su optimismo.
La resiliencia está bajo presión. Si no se refuerza la capacidad de suministro y se reponen los colchones de política económica, la economía mundial podría llegar pronto al límite de su resiliencia. La disminución de las reservas energéticas podría hacer que las crisis geopolíticas se transmitieran con más fuerza aún a los precios de la energía. Otros mercados de materias primas también se enfrentan a riesgos. Los países y hogares de bajos ingresos siguen siendo especialmente vulnerables al aumento de los precios de los alimentos debido a las interrupciones en el transporte, el encarecimiento de los fertilizantes, las restricciones a la exportación y los fenómenos meteorológicos extremos.
Y, como muchos han señalado,
la inversión en tecnología, aunque supone un importante respiro frente a la crisis energética, está concentrando los riesgos, lo que hace que la expansión mundial dependa en gran medida de un pequeño número de empresas, sectores y economías. En términos más generales, la resiliencia ha sido desigual, variando notablemente según la exposición de las economías a la guerra y al auge de la IA, lo que ha provocado resultados divergentes».
Así que, si todo saliera mal, «el crecimiento mundial en 2027 sería considerablemente inferior al de las previsiones de referencia, con una inflación significativamente más alta.

De hecho, puede que la economía mundial sea «resiliente» en estos momento, pero se trata de una resiliencia en medio del estancamiento. Mientras que el crecimiento del PIB real mundial era, de media, del 4,4 % anual antes de la Gran Recesión de 2008-2009, en la década de 2010 solo alcanzó el 3 %; y desde la caída provocada por la pandemia de 2020, el crecimiento medio anual se ha ralentizado hasta el 2,7 % al año.

Fuente: Banco Mundial, cálculos del autor
En las economías capitalistas avanzadas del llamado Norte Global, el crecimiento del PIB real está muy por debajo incluso de esa media. Este año, según el FMI, la economía de EE UU, aunque impulsada por niveles récord de inversión en IA, solo alcanzará un aumento del 2,3 % en el PIB real (es decir, tras la inflación). Y esa es la tasa más alta de las principales economías avanzadas. Las economías de la zona del euro apenas alcanzarán el 1,1 %, con Francia e Italia por debajo incluso de esa cifra. Japón crecerá solo un 0,7 % este año; Canadá y el Reino Unido, algo más del 1 %.
En cuanto a las economías del Sur Global, incluso incluyendo a China e India, el crecimiento medio en 2026 será de solo el 3,7 %, por debajo del 4,5 % de 2025. El Banco Mundial calcula que las economías periféricas se enfrentan al crecimiento de la renta per cápita más débil desde la pandemia. Excluyendo a China e India, en comparación con las economías avanzadas, no se espera que la renta per cápita vuelva al nivel anterior a la pandemia hasta después de 2028, «lo que implica casi una década de convergencia de ingresos perdida».
En todas partes, salvo en China, el crecimiento de la inversión en las principales economías lleva una tendencia a la baja desde la década de 2000; y la recuperación tras la caída provocada por la pandemia ha sido más débil que la que siguió a la crisis financiera mundial.

Fuente: Banco Mundial
Como la noche sigue al día, la ralentización del crecimiento de la inversión lleva a una caída del crecimiento de la productividad mundial. El crecimiento anual de la productividad ha bajado del 1,4 % (1995-2000) a más o menos el 0,4 % tras la pandemia, con una ligera recuperación en los últimos dos años, impulsada por la inversión estadounidense en centros de datos de IA, entre otras cosas. El crecimiento económico de EE UU se ha ido ralentizando en los últimos tres años, pero sería aún más lento sin la inversión en IA.

A pesar de las expectativas, hasta ahora no se ha producido un mayor crecimiento de la productividad gracias a la aplicación de la tecnología de IA, al menos según la productividad total de los factores (una medida aproximada del impacto de la innovación tecnológica).

¿Por qué se han ralentizado la inversión y el crecimiento de la productividad? La razón principal es la naturaleza de la economía capitalista. Los capitalistas solo invierten más para impulsar la productividad de su mano de obra si creen que así obtendrán una mayor rentabilidad. La inversión se hace por beneficio, no por necesidad social. Pero la rentabilidad media del capital invertido ha ido cayendo a lo largo del siglo XXI, y solo se ha recuperado un poco desde el final de la pandemia. De hecho, la rentabilidad media no supera ahora los mínimos de principios de los años 80. No es de extrañar que el crecimiento de la inversión se haya ralentizado y haya caído como porcentaje del PIB en las últimas décadas.
Economías del G7: tasa media (ponderada) de beneficio sobre el capital (%)

Fuente: Penn World Tables, serie 11.0; AMECO; cálculos del autor
Así que puede que la economía mundial no haya entrado (todavía) en una gran recesión en la década de 2020, pero su resilencia es frágil.
Y una de las novedades de la economía mundial pospandémica es que la inflación ha vuelto. El FMI calcula que la inflación anual mundial alcanzará el 4,7 % en 2026 y que seguirá subiendo. Esta misma semana, la tasa oficial de inflación de EE UU ha alcanzado el 3,7 % y se sitúa, de media, muy por encima del objetivo fijado por la Reserva Federal de EE UU del 2 % anual.

Fuente: Fed de Nueva York
El FMI admite que la inflación podría acelerarse el año que viene si los conflictos en Irán y Oriente Medio continúan hasta finales de este año y más allá. La cadena de suministro global está sometida a nuevas presiones y el crecimiento del comercio internacional se está desacelerando.

Fuente: Fed de Nueva York
El precio del gasóleo en Europa, África y América Latina podría empezar a subir de nuevo, advirtió esta semana la Agencia Internacional de la Energía (AIE), añadiendo que habrá escasez mundial de este combustible hasta mediados del año que viene. Las subidas de precios provocadas por interrupciones en el suministro físico tienen efectos macroeconómicos más amplios y persistentes que las provocadas por riesgos geopolíticos.

El FMI y el Banco Mundial le dan mucha importancia al aumento de la deuda mundial. En este caso, solo se refieren a la deuda del sector público. Pero la deuda del sector público solo está en máximos históricos (en relación con el PIB) debido a anteriores colapsos de la inversión del sector privado (1982, 1990, 2001, 2008, 2020).

Los gobiernos han rescatado a bancos y empresas demasiado grandes para quebrar en cada crisis y luego han impuesto medidas de austeridad fiscal, como subir los impuestos o recortar la inversión pública, los servicios, las pensiones y las prestaciones sociales, todo ello con el pretexto de la deuda excesiva. Ese es ahora, una vez más, el mantra del FMI, el Banco Mundial, la OCDE y los gobiernos.
Los periodos en los que los ratios de deuda pública se dispararon (ver el gráfico siguiente, bloque azul) fueron tras las crisis de la deuda financiera y corporativa. En los periodos intermedios, se aplicaron políticas de austeridad (sobre todo recortes en las prestaciones sociales y en la inversión en infraestructuras), junto con cierta recuperación del crecimiento económico, por lo que los ratios de deuda se mantuvieron más o menos estables (gráfico siguiente, bloque naranja). Los recortes en los impuestos sobre la renta (sobre todo para los grupos con rentas más altas) y en el impuesto de sociedades han hecho que los ingresos fiscales del Estado, como porcentaje del PIB, se hayan mantenido estables en torno al 35 % del PIB, lo que ha provocado un aumento de los déficits anuales.

Los rendimientos de los bonos del Estado (es decir, el coste de los intereses que pagan los gobiernos para obtener fondos para su gasto) han subido mucho desde el repunte de la inflación de 2022 y los posteriores conflictos en Oriente Medio.

Pero el FMI y otras agencias nunca mencionan el riesgo que supone la deuda empresarial para la «resiliencia» de la economía mundial. Y, sin embargo, el verdadero peligro es precisamente el desencadenante de una crisis financiera y la devaluación del capital ficticio (como lo llamaba Marx). Porque el estallido de la burbuja de inversión en IA está a la orden del día.
El colapso de anteriores auges de inversión redujo, de media, en aproximadamente 1 punto porcentual el crecimiento del PIB real de EE UU. Tras la burbuja de las puntocom, la inversión fija privada cayó más de un 12,7 % entre 2000 y finales de 2002, a medida que la recesión se afianzaba en EE UU. En el primer año tras el estallido de la burbuja, las inversiones en tecnología bajaron un 12 %, mientras que la inversión fija en general cayó un 7,6 %.
Gita Gopinath, ex economista jefe del FMI, ha calculado que una caída del mercado bursátil de la IA, equivalente a la que puso fin al auge de las puntocom, borraría unos 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses y otros 15 billones en el extranjero, lo suficiente para estrangular el gasto de las y los consumidores y provocar una recesión mundial. De hecho, el optimista informe económico del FMI se vio contrarrestado por estos mismos temores en su informe sobre Estabilidad Financiera Global. Al FMI le preocupa que las empresas de IA no consigan generar beneficios acordes con sus elevadas valoraciones. Incluso una corrección moderada en las valoraciones bursátiles de las empresas de IA reduciría el crecimiento mundial en un 0,4 %.
Si a esto le sumamos unos aumentos de la productividad total de los factores inferiores a lo esperado y una corrección más significativa en los mercados de valores, las pérdidas de producción mundial podrían aumentar aún más, concentrándose en regiones con gran presencia tecnológica, como Estados Unidos y Asia.
Las siete magníficas, las grandes empresas tecnológicas —Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla— representan más del 35 % del índice bursátil S&P 500 de EE UU, frente al 12 % de hace una década, y su capitalización bursátil total ha aumentado más del 50 % en los últimos dos años. Sin embargo, el FMI advirtió de que hay «cada vez más indicios» de que el éxito de la implantación de la IA «quizá no requiera una inversión a la escala masiva que están llevando a cabo las empresas hiperescaladoras», y de que «los posibles beneficios económicos podrían no ser tan grandes como se esperaba». Athanasios Vamvakidis, subdirector del departamento monetario y de capital del FMI, afirmó que
la exposición del resto del mundo a los activos estadounidenses, sobre todo a los relacionados con la IA, es la más alta de la historia. Así que esto está impulsando la economía mundial a través de los efectos de riqueza en la actualidad; pero si se produce una corrección del mercado, podría tener amplias repercusiones.
Una inversión y una rentabilidad más débiles o menos duraderas en el ámbito de la IA podrían desencadenar una corrección en los precios de los activos relacionados con la IA, agravada por el aumento del apalancamiento, las exposiciones concentradas y los acuerdos de financiación circulares», señala el informe del FMI. Esa reevaluación «reduciría drásticamente la inversión, provocaría correcciones en los mercados de valores y endurecería las condiciones financieras, con repercusiones a nivel mundial.

Ya hay señales de nerviosismo entre los inversores en IA. El mercado bursátil estadounidense ha dado muestras de estancamiento tras un periodo de máximos históricos. Con la inflación al alza y, con ella, los rendimientos de los bonos alcanzando nuevos máximos, el coste de los préstamos está subiendo, y la inversión en IA se financia cada vez más a base de deuda. Los inversores han empezado a frenar nuevas compras de acciones de los fabricantes de chips, justo antes de que la empresa de IA Anthropic lance su oferta pública de venta para recaudar aún más fondos. Mientras tanto, las empresas chinas de IA siguen lanzando nuevos modelos de «peso abierto» que se pueden utilizar por una fracción del coste que suponen los modelos de los laboratorios estadounidenses.
«La principal preocupación gira cada vez más en torno a cuándo empezará a alcanzar su punto álgido este extraordinario ciclo de inversión en IA», afirmó Emmanuel Makonga, estratega de renta variable de Barclays. «Los inversores se están centrando en hasta qué punto se puede mantener el gasto en IA a partir de ahora», añadió, lo que estaba provocando una «revisión a la baja del sector de la IA». [Así que] Puede que la resiliencia esté llegando a su fin. Ir al enlace de la noticia…
Traducción: viento sur









